A estas alturas de la vida, no quiero decir que me considere mayor pero........ el derroche de la juventud hace ya tiempo que paso, aún siento ese empuje de vitalidad que unos años atras me llevo a vivir mi vida como si fuese la unica de que dispongo, unas veces con mejor fortuna y otras, las que menos, con peor resultado.
El devenir de los años me ha dado mesura, equilibrio, tranquilidad e incluso a veces paciencia y la sabiduria necesaria para entender que un monton de virtudes esperan ser descubiertas en detrimento de mis defectos, que todavia se me antojan demasiados.
Por todo eso y un monton de cosas mas que la vida tiene de buena, intentare seguir manteniendo mi espiritu intacto, joven y libre, con la unica finalidad de preservar esa vitalidad que me permita " vivir para ver y ver para creer "
Bienvenidos
Falta de éxito o resultados adversos. Derrota, decepción, incompetencia............
A veces esto es lo único que poseo.
Hace ya mas de un mes de la ultima salida al monte a escalar, hace ya mas de un mes que malos pensamientos deambulan por mi cabeza. La vía en cuestión, sencilla en principio, de unos doscientos metros y con apenas un paso de quinto grado. Después de un par de largos cómodos llega el que tiene el paso clave de la vía. Salida atlética de la reunión, bien protegida por un par de seguros que después, a medida que avanzas, el ultimo empotrador empieza a no parecer tan bueno y cuando ya lo tienes a cuatro o cinco metros de los pies desearías haber metido algo en aquella fisura de mierda de hace tres metros. Sigo sin ver nada y en un alarde de valentía remonto un par de metros mas, aun sencillos, hasta una posición mas o menos cómoda que me permite quitar la mochila y tener mas libertad de movimientos. Al fin consigo encajar un par de levas del alíen azul, te lo puedes creer?? con tiro perpendicular al de una posible caída, sigues sin creertelo?? yo tampoco. Ya relativamente mas tranquilo evaluo la situación, hacia arriba el quinto esta por llegar, lo vislumbro unos ocho metros en diagonal hacia la izquierda y en su base lo que puede ser un buen emplazamiento para un seguro, pero hasta allí.........nada, como máximo otras dos levas del alíen verde podrían encontrar alojamiento, hacia abajo entre diez y doce metros hasta el ultimo seguro digno de llamarse así y mas abajo la reunión y las repisas contra las que hipoteticamente pararía mi, cuando menos, espectacular vuelo de unos venticinco metros, casi nada........ Por el rabillo del ojo izquierdo veo un brillo y ya sin llegar a girar la cabeza se que es, o al menos eso deseo, un clavo. Esta casi al alcance de mi mano, apenas unos cuarenta centímetros me separan de el, busco una buena presa lateral para la mano derecha, cojo una cinta express con la izquierda y comienzo a estirarme, maldición aun me faltan unos diez centímetros, no puede ser, recoloco el pie izquierdo y por fin rozo el clavo con el mosquetón, que alegría, verdad?? pues no, la cara de imbécil que se te queda cuando el simple roce consigue alejar el clavo otros tres centímetros no tiene desperdicio. Ahora sabes que la situación es sumamente delicada y te acuerdas del buen vivac del que te acabas de levantar para venir aquí a sufrir, a hacer méritos para ver tu vida pasar en una parábola que desnucaría a tu compañero si pretendiera seguirla por encima de su cabeza y hacia atrás de su cómoda reunión con un aterrizaje menos gracioso que la saga de películas de "aterriza como puedas". En fin, ahí estaba yo con esta circunstancia personal cuando en un ultimo estirón conseguí tocar el clavo con la punta de un dedo acercándolo hacia mi y logrando mosquetonearlo. Parecía que todo comenzaba a ir un poco mejor pero tampoco este clavo resistiria, tan siquiera, una brusca tracción, pero al menos estaba un par de metros por debajo del alíen. Cambio de estrategia, en vez de subir, bajar, si podía...... Retiro el alíen, tres metros menos de ostia. Un metro por debajo del clavo meto medio empotrador y me suelto del clavo, otros dos menos. Casi estoy en la fisura de mierda de hace un rato y en un ejercicio de contorsionismo consigo meter el mejor seguro de los últimos cuarenta minutos. Quito el empotrador y destrepo al camalot verde con seguridad. Solo me quedan un par de metros para llegar a la zona cómoda y a tener "solo" una caída potencial de siete u ocho metros. Estudio la jugada, visualizo el destrepe y quito el friend, me descuelgo y estirando, estirando llego al apoyo salvador, descanso todo mi peso en los pies, cojo un par de buenas presas y respiro como no lo había hecho desde hacia un rato. Los últimos cinco metros y dos seguros los solvento con soltura a pesar de que al llegar a la reunión soy plenamente consciente del cansancio físico y mental que acumulo. Unas maniobras de cuerda y un par de rapeles nos dejan en el suelo, ese que hace una hora veía tan lejos.
El cansancio físico se paso en unos días pero el descalabro mental persiste en mi cabeza. Infinidad de pensamientos y sensaciones se contradicen en mi interior. Algunos días pienso haber perdido el feeling con la roca, con la vertical, con el vacío y otros pienso que un mal día lo tiene cualquiera, a veces cuestiono mi capacidad y otras me descubro haciendo nuevos planes de escalada. Cuando lo negativo pesa tanto y la salida mas cómoda parece ser la de abandonar la escalada mi actitud me da nauseas, es entonces cuando me revelo y pienso que el fracaso solo es un nuevo punto de partida.
Gracies Castaño por aguantar mis debilidades y por cumplir conmigo, estoicamente, la penitencia de bajar por la Jenduda con la mochila de dos días mas el material de escalada.
Después de las fiestas navideñas y sus excesos toca activarse nuevamente, para empezar el año tranquilamente nos vamos al Ason a vagabundear. La idea era dar una vuelta por el laberinto del Ason pero, el laberinto debía estar en nuestras cabezas, al final acabamos dando la vuelta al Colina.
En el inicio de la ruta, sobre la cascada del Ason.
Pillamos un día frío pero muy bueno, con excelentes vistas hacia la montaña y hasta el mar. Nosotros lo pasamos bien disfrutando de una ruta con variedad de paisajes pero Kundra y Nanga lo pasaron fenomenal, todo el día corriendo y saltando como si no salieran nunca de casa.
Por las faldas del Colina al Sol.
El lapiaz helado.
Después de abandonar la pista, el camino, que atraviesa un hayedo con orientación Norte, esta bastante embarrando y sube a una majada con buenos praos y fuente, aquí el Sol ya nos calienta un poco y vemos el monte Colina, atravesando un fantástico lapiaz helado llegamos a sus faldas y lo rodeamos. Aquí nos damos cuenta que se nos olvido traer el pan pa comer un pinchin, así que ni paramos, si no hay pan no hay parada.
Los aguerridos excursionistas sin comer.
Llegamos al collado de debajo de la cumbre y nos pasamos a la otra vertiente, al Sur, al calorcito de Lorenzo. Nos adentramos en otro bosque de hayas pero debido a la altitud este aun conserva algo de nieve. La ruta ahora es descendente, atravesando el bosque hasta llegar a la misma pista del inicio que nos llevaría nuevamente al coche.
La nieve y el musgo en un hayedo al Sol.
Al final resulto un buen día de monte, muy motivante de cara a la forma física para las actividades de invierno, que parecía no llegar pero que al fin ya esta con nosotros poniéndonos los dientes largos hasta que las condiciones sean buenas.
Muchas cosas empiezan cuando menos te lo esperas, esta fue una de ellas. Suena el teléfono y al otro lado oigo el acento inconfundible, asturmalagueño, de mi amigo Rose, después de un rato charlando, ambos, llegamos a la conclusión de que necesitamos un buen pateo por el monte, así que mi cabeza se pone a funcionar pensando destinos y actividades, que si esta muy lejos, que si muy cerca, que si vaya lío llevar todo eso.............YA ESTA: ¨tres días por el Central¨ cómodo y para toda la familia. Rose se deja llevar y me da manga ancha para decidir el recorrido, es fácil, caminar, caminar y caminar.
A mal tiempo, buena cara.
Subimos en el teleferico de Fuente De, con el que ya ganamos una buena altura, nos tiramos las mochilas a la espalda y sin mas nos ponemos a caminar, enseguida nos damos cuenta del peso excesivo, como pesa el vino, por favor.
Cumbres borrascosas, que mas se puede pedir?
La prevision meteorológica había ido empeorando día tras día y efectivamente el tiempo no nos iba a dar tregua, excepto el Sol, nos acompañarian el resto de fenómenos atmosféricos, léase niebla, orbayu, lluvia, viento y frío, mucho frío, demasiado frío para estar en Agosto, así que la tónica general fue de poca ropa ligera y un continuo quita y pon de forros polares, chaquetas y plumíferos.
De las vistas, mejor ni hablar, muy pocas veces habré estado arriba varios días seguidos y habré visto tan pocos paisajes, una pena, yo que estaba necesitado de ellos.
Cielo azul sobre el Pico de los Cabrones.
El día seria largo, muy largo, el cómodo paseo por los pies de la Peña olvidada nos llevo a la subida al collado de la Canalona, desde el que subimos a Peña Vieja donde pudimos disfrutar de unas maravillosas no vistas, como el feliz no cumpleaños de Alicia, en un duro ejercicio, de memoria visual, recorrí todas las cumbres que nos rodeaban recordando las veces que había estado en ellas. Otro cómodo paseo en travesía descendente, con algún sube y baja, nos llevo a los pies del Cuchallon de Villasobrada, de aquí solo resta una corta pero dura cuesta hasta llegar a Collada Bonita, uno de los nombres mas acertados de los Picos de Europa. La sorpresa al asomarse a este balcón privilegiado es siempre mayúscula, la Sur del Picu nos saluda, es casi para echarse a llorar y si no lo hago es por que no serviría de nada, solo para dejar de ver tanta belleza.
Primer vivac, bajo las Torres Areneras.
Ahora que...... bajarse de Collada Bonita hacia el Jou Tras en Picu es otra cosa. En la canal que se asoma bajo nuestros pies, literalmente, no se sujetan ni las piedras. Exige una concentración total en lo que estas haciendo y esfuerzo físico que te deja para el arrastre, sobre todo con el peso que la descendimos. Ya en el Collado de la Celada, bajo las caras Sur y Este del Picu, nos lanzamos por la canal hasta la Vega de Urriellu, desde donde contemplamos la majestuosidad del símbolo de Picos por excelencia, El Urriellu. Desde el Refugio, donde tomamos una cerveza terapéutica, por lo de la hidratacion y eso, podemos ver también la ultima cuesta del día, la que a través de la Brecha de los Cazadores y la Corona del Rasu nos llevaría a nuestro primer vivac en la cueva de la Horcada Arenera. El atardecer nos sorprendió con algo de visibilidad y contemplamos desde las altas cumbres del macizo hasta los verdes pastos de Pandebano y la Caballar. La noche no nos dio tregua, después de cenar y ante el frío reinante nos metimos en nuestros sacos de dormir, al rato, la niebla, que antes se paseaba tranquila por las laderas, lo engullo todo y se transformo en un pertinaz orbayu que dejaba todo empapado. Después de un rato en los brazos de Morfeo un estruendo nos despertó, el Orbayu era ahora una torrencial lluvia que incluso amenazaba nuestra cómoda y seca posición en el fondo de la cueva, así resistimos y pasamos el resto de la noche, entre idas y venidas de un curioso ratoncito ocupado en dar buena cuenta de las migajas de nuestra cena y de algún pequeño regalo que le dejamos.
En pleno Agosto los Picos estaban así de nieve.
La mañana nos recibió con tímidos claros en el cielo y animados salimos con nuestras mochilas hacia el Jou de Cerredo, cogimos lo imprescindible y las dejamos sobre unas piedras al comienzo de las ultimas rampas de acceso a la cumbre del coloso de los Picos, su punto culminante, el Torrecerredo. Después de unas delicadas trepadas llegamos a la cumbre, donde disfrutamos de unas aceptables vistas de las montañas cercanas ya que el resto se encontraba entre las nubes, incluso la Peña Santa se resistió a mostrarsenos, nos quedamos con las ganas.
El pequeño refugio de Cabaña Verónica.
Con sumo cuidado hacemos el descenso, es un mal lugar para un tropezón, además hay mas gente ascendiendo y las piedras pueden ser muy peligrosas. Al llegar a las mochilas comemos algo y bebemos para pegarle un buen estirón al recorrido, atravesamos lo que nos queda del Jou de Cerredo y ascendemos hasta la Horcada de Don Carlos para deslizarnos hasta la de Caín, desde aquí y a media ladera por la falda de los Picos Arenizas llegamos bajo el Tesorero que esquivamos por la izquierda para llegar al Collado de Horcados Rojos. Preparamos el vivac en una buena cueva bajo la imponente pared Sur de Horcados Rojos y como tenemos tiempo nos acercamos al pequeño y minimalista refugio de Cabaña Verónica, en otro tiempo cúpula metálica de la batería antiaérea del portaaviones Yankee USS PALAU, cuantas tormentas habrá resistido aquí Mariano? este donde este siempre te escuchara por su radio.
Lo mejor para abrir la gana de comer.
Después de derretir algo de nieve para hacer la cena nos encuevamos y tomamos un pequeño piscolabis, es el momento de empezar con el vino, el chorizo, el queso y el lomo mientras esperamos a que el agua hierva para la sopa. La sopa nos calienta el cuerpo y el vino el espíritu así que charlamos animadamente sobre lo divino y lo humano ( y de muyeres, claro ) hasta que el frío nos repliega a nuestros sacos.
En la cueva de Horcados Rojos, el segundo vivac.
Hoy si, el Sol nos saluda y parece que nos acompañara en otra dura jornada de montaña. Raudo desayuno y mochila, que hoy ya nos parece ligera, a la espalda. Remontamos otra vez hasta Cabaña Verónica, no puedo evitar pensar en Mariano, siempre atento a su radio y dispuesto a ayudar o a tirar de las orejas a los nuevos y modernos pseudo montañeros. Como cambian los tiempos, ahora el nuevo guarda tiene gallinas, si si gallinas, de altura claro, vaya huevos ( los de les pites ) y hay que ver la conversacion que le darán en esos largos días de soledad montañera. Atravesamos los Hoyos Sengros por un impresionante lapiaz calcáreo y en seguida estamos pasando por debajo del Madejuno hasta llegar a la Collada Ancha donde nos envuelve, nuevamente, una densa niebla que apenas nos permite saber donde estamos, tirando de experiencia navegamos hasta el Llagu Cimeru y, rodeándolo, damos con el camino de la Vega de Liordes, al llegar al Collado de la Padierna los cielos se abren y el verde de esta inmensa pradería de montaña lo inunda todo.
El verde de la vega de Liordes lucha con la caliza.
Paseamos tranquilos, buscando el mejor sitio donde comer algo y descansar antes de la tremenda bajada que nos espera, los Tornos de Liordes, cuesta imaginar que por aquí bajaran carretas de bueyes cargadas con el mineral extraído de las entrañas de Liordes. De pie, en el collado, imaginamos, mil metros mas abajo, el bullicio de la gente. Bajo un Sol justiciero llegamos al coche, una mezcla de alivio y amargura me invade, quisiera correr desnudo sin importarme la gente.
Descansando entre Lirios y Cardos.
Algo que termina solo es un inicio y mi cabeza, llena de nubes y montañas, desea que, nuevamente, llegue el día de partir a la montaña. Gracias amigo Rose por estos tres días juntos.
En los Picos la belleza es tan simple como una flor.
Aquí tenéis el vídeo de la actividad, os vendrá bien para digerir todo este rollo que os acabáis de tragar, si es que lo habéis leído, cabrones, no vale mirar solo los santos.
Danzad, danzad, malditos, seguro que mas de uno tararea las canciones.
Nuestro objetivo son los dos gigantes por excelencia de la montaña palentina, el Curavacas y el Espigüete, el plan, sencillo, ir de Lunes a dormir y el Martes hacer la actividad, asi en dos semanas consecutivas los tendríamos en el bolsillo. Sobre mediados de Agosto nos vamos hasta el pueblo de Vidrieros, donde dormiremos en una explanada al lado del cementerio, una buena cena regada con un Rioja, un poco de charla entre amigos mientras damos cuenta de unos pastelitos y al saco, noche de estrellas fugaces, noche de fugaces sueños. A la mañana esperamos al Sol, desayunamos tranquilamente y, como no, en exceso. Con toda la barrigada tiramos hacia el Curavacas, por la ruta de la cara Sur, el desnivel es importante pero nos metemos en faena y pronto nos encontramos a gusto con la ascensión.
En el Callejo Grande
Dejamos atrás el Arroyo Cabriles y el prado del mismo nombre para adentrarnos de pleno en la gran pedrera que precede a la canal conocida como el Callejo Grande, por el cual continuamos hasta llegar a la arista Este, ya desde aquí y por la cara Norte, en cuatro patadas mas, llegamos a la cumbre. Disfrutamos de las buenas vistas de Picos y la Codillera Cantábrica, comemos un poco y para abajo como rayos, no vaya a ser que no lleguemos para tomar el Vermouth.
En el Curavacas.
A pesar de no ser una montaña de ensueño su ascensión merece la pena, las vistas que nos ofrece no son gratuitas y antes de disfrutar de ellas hay que ganarle muchos metros de desnivel y derrochar muchas gotas de sudor. Al Oeste descubrimos el Espigüete, nuestro objetivo de la semana próxima. A priori son totalmente diferentes, aunque realmente parecidos.
Nuestro proximo objetivo.
Una semana mas tarde nos juntamos nuevamente, esta vez en Cardaño. Aquí la gente viene a pasar las vacaciones con la familia y en casa de la familia, lo que se deja notar en el pueblo y en su bar, o mejor dicho en su asociación. Los padres charlan animadamente en la terraza mientras los niños juegan y corretean por las calles y plaza del pueblo. El ambiente festivo invita a la distensión y nos relajamos tomando unas cervezas, al oscurecer todos se recogen en casa, nosotros esta vez lo haremos en el pórtico de la iglesia para evitar el relente de la noche.
El plan es el mismo que el de la semana anterior, y es tan igual que hacemos realmente lo mismo, esperamos al Sol, desayunamos y comenzamos la ascensión por la canal de la cara Sur. La gran diferencia radica en el tipo de roca que pisamos, conglomerado en el Curavacas y caliza aquí. Después de, nuevamente, un importante desnivel nos encontramos en la cumbre, donde las vistas son muy parecidas a las de su vecino pero igualmente impresionantes, los Picos y la Cordillera se reparten nuestra atención.
En el Espigüete
El descenso lo haremos por la arista Este y es todo un acierto, después de un corto sube y baja empieza el descenso propiamente dicho. La arista es estrecha, lo suficiente para permitir ver el paisaje a ambos lados, el terreno es compacto y transmite seguridad, así que nos movemos rápidamente por el lomo rocoso y vamos perdiendo altura casi sin darnos cuenta. Casi al final cambiamos bruscamente de dirección y ya por praderías nos vamos aproximando al pueblo.
Empezando el descenso.
De paseo por la arista Este.
Agitando las alas.
Sentados en la terraza del bar con una cerveza bien fresca y en frente del objetivo cumplido nos relajamos y pensamos a donde nos llevaran nuestros pasos en la próxima ocasión. Damos por terminada la sesión veraniega por la montaña palentina, pero no se nos olvida que tenemos una asignatura pendiente con ella, la Peña Prieta. El fin de una aventura siempre es el inicio de otras, y no se como me arreglo que siempre tengo mas hierba que tenada. Ahora toca el regreso a casa, estamos satisfechos y lo suficientemente cansados para saber que lo hemos pasado bien.
Se comenta que la vía ferrata de Socueva ya esta inaugurada, podríamos.................
Ejemplar de Cabra Montes, símbolo de la sierra y principal habitante.
Nuestros pasos nos llevan esta vez a la Sierra de Gredos, con la vista puesta en un par de cumbres clásicas, el Almanzor en el circo de Gredos y la Mira en los Galayos. A media tarde ya estamos en la plataforma listos para echar a andar, caminaremos unas horas para subir a dormir por encima de la Laguna Grande y del refugio Elola que se encuentra en su orilla.
La laguna, el refugio y el Almanzor
Después de un pequeño problema de orientación y de no llegar donde queríamos, conseguimos encontrar un sitio perfecto para dormir, unos prados salpicados de bloques de granito y un arroyo, ideal para enfriar las cervezas, además ya estábamos altos y relativamente cerca de la cumbre.
Al día siguiente esperamos a que el Sol nos alcanzase, desayunamos y reorganizamos nuestras mochilas. Tras quitarnos de en medio un empinado repecho ya solo nos resta a la cumbre unas travesias muy agradables de caminar y una trepada para encaramarnos a lo mas alto, una imponente atalaya granítica desde la que oteamos el horizonte hasta perderlo de vista.
El ultimo tramo lo hacemos a la sombra y con bastante frío, pero en la cumbre disfrutamos del Sol y de un breve descanso antes de comenzar la bajada por la Portilla del Crampon hacia el refugio y la laguna, donde tomamos una cervecita para refrescarnos, o lo que es lo mismo, una cerveza terapéutica. Continuamos camino para llegar a la plataforma a media tarde con tiempo de desplazarnos al sur de la sierra, al parking del Nogal del Barranco donde situamos nuestro segundo campamento.
En el Almanzor al Sol.
Organizamos las mochilas para el día siguiente y aun tenemos tiempo de tomar unas cervezas antes de cenar, unos metros mas arriba del parking hay un buen bar con un ambiente al mas puro estilo Flower Power, salvando la distancia que separa este alejado punto en medio de la sierra de las playas de la isla de Ibiza. Toca descansar y lo hacemos en un pórtico cercano al coche. Un rápido y ligero desayuno son el presagio de una dura caminata, la subida al refugio Victory, aunque cómoda, no es un paseo sin mas, pues salva muchos metros de desnivel. La llegada al refugio la hacemos por la famosa Apretura, un sinuoso y empinado camino que asciende serpenteando entre bloques al pie de las agujas de los Galayos.
De aquí a la cumbre aun queda un buen trozo de canal que exige unas cuantas patadas hasta desembocar en un collado que da acceso a una zona de praderías de montaña, que atravesamos ya casi sin ganar altura hasta situarnos en la cumbre de la Mira, que me imagino debe su nombre a las amplias vistas que ofrece. Aprovechando la buena temperatura comemos algo antes de iniciar el vertiginoso descenso.
En la Mira, detrás el Almanzor.
Para la bajada hasta el refugio tomamos un atajo que atraviesa una empinada ladera llena de grandes e inestables bloques de granito, algunos de considerable tamaño, que se tambalean solo con desplazar nuestro peso por ellos. desde el refugio continuamos por el camino de las zetas, quedando en la ladera de enfrente la apretura y las agujas de los Galayos, un expectaculo de roca,donde fisuras y placas se mezclan formando diedros, techos y aristas que convergen en una cresta afilada y tortuosa. Vamos rápidos, con buen ritmo y en menos de lo pensado llegamos al coche. En una poza del río, de aguas heladas, nos bañamos y adecentamos un poco, ahora nos queda un largo camino hasta casa intercambiando opiniones y sensaciones. Antes de llegar a nuestro destino ya teníamos nuevos planes en mente, de los cuales daremos cuenta en breve.
Así empiezan las cosas buenas, entre amigos, al Sol.
Por un motivo o por otro nuestra ansiada salida al Pirineo se había ido retrasando, lo que iban a ser unos cuantos días se convirtieron en unos pocos días, pero una vez que nos pusimos en marcha teníamos claro que no íbamos a parar, debíamos sacar el máximo rendimiento a nuestras noventa y seis horas de águilas en los Pirineos.
Salimos pronto de casa y en cinco horas de coche y amena conversacion entrabamos en el pirenaico pueblo de Benasque, ultimas compras, alquiler de piolets y crampones para el glaciar, comer y al monte. Después de que nos aplicasen el impuesto democrático con el precio del autobús y una vez que este se fue al fin estábamos solos, nosotros y la montaña, fuera de temporada todo es mas tranquilo, se termina la masificacion, podemos disfrutar los paisajes en su estado mas puro y en su idioma, el silencio. En tres horas de marcha llegamos a los ibones de Coronas, donde dormiríamos, unos mas que otros, buscamos un buen sitio de vivac y devoramos la cena, tanto por el hambre que teníamos como por el frio que empezaba a hacer. Nos acostamos y cuando ya entrabamos en calor dentro de nuestros sacos la voz de Kiko me saca de mi sopor, Ser: llueve? !!!!!! Si, contesto alargando una mano fuera y notando que el saco esta totalmente húmedo por un pertinaz orbayu, aderezado con viento del norte que se descuelga directamente del Aneto, auyando y cogiendo velocidad a través del collado de Coronas. Tiritando en medio de la gélida noche buscamos cobijo debajo de una gran piedra que no tenia ni el mas mínimo sitio plano donde acostarnos, así pasamos el resto de la noche, entre piedras. Madrugamos intentando imitar a los grandes alpinistas y desayunamos rápidamente con gana de meternos en faena.
Saliendo del glaciar hacia la cumbre.
Comenzamos con tanto ímpetu que pronto alcanzamos el collado y el glaciar del Aneto, o lo que queda de el, nos ponemos los crampones y cambiamos bastones por piolets. Avanzamos seguros sintiendo el mordisco del acero sobre la superficie helada, tras el hielo vienen las ultimas rampas rocosas, nos quitamos los crampones y vamos al encuentro de las ultimas dificultades que aquí tienen nombre propio, el paso de Mahoma. Llegamos frente a el, al Este el Sol calentaba las montañas, al Oeste las sombras aun daban paso al día. La niebla y las bajas temperaturas de la noche habían tapizado toda la cara norte de este famoso paso con una fantástica coraza de cristales de hielo. Una vez que analizamos las dificultades y características de este tramo ascendimos sin mas problema que el disfrutar de este trozo de arista que nos depositaria en la cumbre del Aneto.
El paso de Mahoma
En la cumbre del Aneto, por cierto una ferretería innecesaria.
Pasamos un buen rato en la cumbre, aprovechando la soledad para hacer fotos y maravillarnos por las vistas desde esta atalaya, templamos nuestros cuerpos al Sol y comimos algo antes de encaminar nuestros pasos hacia el glaciar pasando nuevamente por el paso de Mahoma que se encontraba en mejores condiciones que a la subida pues el calor había desprendido parte del hielo que cubría la roca.
Si la montaña no viene a Mahoma ..............
Si el ascenso al Aneto por Coronas nos había parecido relativamente sencillo y llevadero, no iba a suceder lo mismo con el regreso por la Renclusa, largo y caótico además de duro nos exigió una dosis extra de tenacidad. El glaciar es mayor de lo que pudiera parecer y cruzarlo con seguridad lleva su tiempo, luego un inmenso caos de gigantescos bloques de granito obligan a una tensión constante en las piernas y cuando por fin subes al paso del portillon superior llegas a ver todo lo que te resta hasta el refugio de la Renclusa y mas abajo al autobús, un verdadero mundo del que es difícil salir incluso trotando, verdad amigo Kiko?. Una vez abajo todo es sencillo, la vida después de una dura actividad es simple, lavarse en el río, ponerse ropa limpia, tomar cerveza fresca, cenar a base de pasta acompañada de abundante vino y acostarse lo antes posible, aunque el día siguiente sea de descanso el nuestro sera activo.
Después de desayunar y para ir estirando los músculos hicimos la vía ferrata de la Foradada del Toscar, nos fuimos a comer a Broto ya en la entrada del valle de Ordesa y después del café hicimos la vía ferrata del Sorrosal para ya por la tarde pasear tranquilamente por las callejuelas empedradas de Torla y pensar en la ascensión al Monte Perdido.
Al principio organizamos la excursión para dos días, una aproximacion para dormir por encima del refugio de Goriz con la intención de llevar ventaja a los montañeros que pernoctan en él y el segundo día para hacer cumbre y bajar tranquilamente a la vida simple y sencilla. Tras consultar la meteo, que no esta clara para el segundo día, decidimos que el Perdido es cosa de hombres así que subiremos en el día. Reorganizamos la mochila mientras sopesamos los pros y los contras de esta decisión, cantidad de comida, ropa de abrigo, ligereza en el ataque, dureza de la salida. Solo tenemos una cosa clara, estamos aquí dispuestos a dar el cien por cien de nuestras capacidades y la apuesta no va a ser menor. Después de que el agua, la del riego automático de los jardines del parking y no la de la lluvia, nos estropease de nuevo la noche nos levantamos a las cinco de la mañana para desayunar y estar preparados a tiempo de subir al primer autobús hacia la pradera de Ordesa donde iniciaríamos nuestra andadura.
Vistas desde Soaso hacia el Monte Perdido.
A la luz del frontal empezamos un día que se presenta bastante duro y largo, en pleno bosque amanece y al llegar a Soaso es totalmente de día, pasamos la cascada de la cola de caballo y subimos por las clavijas de Soaso con intención de ganar tiempo. Al llegar al refugio todavía hay gente que parte hacia la cumbre, así que después de unos bocados salimos tras ellos, adelantando todavía a algunos vamos enfilando nuestros pasos hacia el objetivo del día.
El lago helado y el cilindro de Marmorés
El lago helado nos permite ver la ultima parte de la ascensión, la temida escupidera, temida en invierno pues es un tobogan hacia el desastre en caso de caída, ahora es un pedregal sin ningún tipo de complicacion salvo la de llevar un largo camino sobre las piernas. Superada esa inmensa rampa y sin mas, se accede a la sencilla cumbre del Monte Perdido, no exenta de amplias y espectaculares vistas.
Como es de rigor en la cumbre fotos y algo de comida para encarar un descenso maratoniano detrás de Basi y de Kiko que consiguieron con ese ritmo dejar el reloj parado en once horas y media de actividad para treinta y dos kilómetros de recorrido y dos mil metros de desnivel positivos y los consiguientes negativos de desnivel, vaya que cuando llegue a la pradera de Ordesa mis piernas no se lo creían. Ahora ya todo tendría que haber sido sencillo pero el día tenia una ultima sorpresa para nosotros, al llegar al río a remojarnos se desata una tormenta tremenda con aparato eléctrico y agua a calderaos, Basi y yo permanecemos atónitos en el coche mientras Kiko como si no fuera con el se lavaba en el río tranquilamente. En vistas de que no tiene pinta de parar para bañarnos y de que la pinta es peor para dormir decidimos meternos tres horas de coche y por fin ducharnos, comer y descansar cómodamente en casa.
Esto fue lo que dieron de si estos cuatro días en los Pirineos, concentrado de actividades y emociones con buenos amigos dando lo mejor de si mismos. Tendremos que preparar la próxima, se nos echa el tiempo encima.
Abrazos compañeros.
Aunque se esperaba un día excesivamente caluroso, decidimos salir a caminar con la intención de hacer unos cuantos metros de desnivel y rematar así la preparación para nuestra próxima salida al Aneto. La subida a Tresviso desde Urdon nos va a ofrecer la parte dura de la excursión y la complementaremos con una parte mas lúdica que nos ofrecerá la Pasá del Picayo hasta San Esteban con unas increíbles vistas dignas de experimentar.
Así se gana el desnivel hacia Tresviso.
Madrugamos lo justo para que el calor no fuese un tormento, lo conseguimos pues para cuando el Sol quiso salir ya habíamos completado la mitad del desnivel, aunque nos toco aun sudar bastante ya que de por si el día seria muy caluroso. Avanzamos rápido dejando atrás las infinitas vueltas y revueltas que jalonan este recorrido, los buenos paisajes que nos da la perspectiva de la altura nos hace entender que nos acercamos al famoso Balcón de Pilatos, punto alto de unos impresionantes cortados cerca ya del pueblo cántabro de Tresviso, que ciertamente es balcón pero todavía no se que tiene que ver el tal Pilatos en todo esto.
El equipo del Aneto llegando a Tresviso.
Callejear por el pueblo a estas horas tempranas es un placer, los rayos de Sol aun sesgados dan un color especial a sus calles empedradas y las cocinas de leña impregnan el aire de un olor característico, olor a comida rica, olor de aldea, olor de amabilidad. Pasamos por delante de la casa de " la guela de Patri " y Kiko de un vozarron saludo los buenos días, a lo que la señora contesto desde dentro, no tardando en salir a hablar con tan inesperada visita. No nos queríamos entretener mas de la cuenta, yo tenia gana-necesidad de desayunar " quesu " y queríamos ir al bar, razón que no convenció a la señora para dejarnos ir, así que en menos que canta un "gallu de Tresvisu " estábamos los tres sentados al lado de la chapa de la cocina comiendo un buen " quesu " y un poco de vino, que yo especialmente agradecí pues me hizo quitar el "chinchu de quesu " que tenia.
La pota en la chapa, como debe ser.
Proseguimos la marcha con espíritu renovado. El camino apenas gana desnivel y nos acerca a unas inclinadas canales que caen casi verticalmente sobre el río Deva, vamos sorteandolas con pequeñas subidas y bajadas para esquivar los continuos espolones que nos encontramos hasta llegar a una larga bajada que nos llevara al pueblo de San Esteban después de atravesar un bonito e inesperado bosque de Castaños y Robles.
Las canales y espolones del camino.
Llegamos al coche y bajamos al pueblo de La Hermida a hidratarnos con unas cervezas frescas para después ir a remojar nuestros huesos a las aguas termales, donde nos sumergimos durante una hora y de donde salimos mas arrugados que pasas.
Solo nos queda esperar que estas ultimas salidas de entrenamiento lo hayan sido tal y como esperamos, para afrontar con alegría los metros de desnivel que nos separan de la cumbre del Aneto. Como el descanso también es parte de un buen entrenamiento yo me voy esta tarde a Ibiza a seguir entrenando, seguiremos informando rapazos.
La ascensión al Llambrion siempre esta envuelta en un pequeño halo de misterio debido a la existencia de varios pasos delicados en todos sus caminos, a pesar de parecer la típica gran montaña que se sube caminando siempre nos obligara a utilizar las manos ( además de los pies ) para permitirnos llegar a su cumbre. Todos conocemos, o habremos escuchado, historias de montañeros que no superan alguna de sus llambrias o espolones y se quedan, a escasos metros de la codiciada cima, en la cresta final o incluso en el famoso paso de Tiro Callejo, ahora equipado con una cuerda fija, menos mal que tiene nudos. Este es el aura de incertidumbre que adorna la segunda montaña mas alta de los Picos de Europa.
La cima desde el Jou Trasllambrion.
Esta vez nos hicimos los comodones y después de dormir tranquilamente en la estación inferior de Fuente De subimos en el teleferico, emprendemos la marcha hacia la Horcadina de Covarrobles donde habíamos quedado con Edu, que aun anda probando su pie después de rompérselo en las manifestaciones mineras en Madrid. Después de unas fuertes rampas el camino desciende un poco para pasar en travesía bajo la formidable pared Sur del pico de los Horcados Rojos, llegamos así al refugio de Cabaña Verónica ( este lugar nunca sera el mismo sin Mariano ) nos deleitamos con las vistas y rápidamente nos dirigimos por agrestes parajes a la Collada Blanca, antesala de la alta montaña y fuera ya de los circuitos masificados. Tras ascender todo el jou, esquivando pequeños neveros que aun se mantienen para regocijo de los rebecos, al fin nos damos de bruces contra los últimos contrafuertes, toca guardar los bastones, utilizar las manos y prestar especial atención a todo lo que hacemos y a cada paso que damos.
Edu alcanzando la arista cimera.
Iniciamos la trepada, de unos cincuenta metros, por una canal que se estrecha hasta convertirse en chimenea, donde un paso atlético, que nos obliga a derrochar un poco de coraje, nos deposita en un pequeño nicho a unos cuatro metros de la arista cimera, que alcanzamos al superar el paso mas comprometido de la ruta, mas por lo aéreo que por lo difícil. En la cumbre risas y cambios de impresiones, comida y abrigo, que aquí no llega la ola de calor.
El grupo del Torrecerredo.
Las vistas son magnificas, tenemos buena visibilidad y eso hace que nos pasemos un buen rato en la cumbre deleitándonos con la magnitud del paisaje por disfrutar.
Mirando al Picu, tremendo paisaje.
Con pocas ganas, debido a lo bien que estábamos en la cumbre, iniciamos el descenso por la arista, despacito y con buena letra ya que aquí se concentran varios pasos delicados, varios destrepes, flanqueos y trepadas nos llevan hasta el pequeño collado que separa el jou Trasllambrion del jou del Llambrion, donde el grupo se separaría, unos hacia Cabaña Verónica y otros hacia Collado Jermoso.
Uno de los destrepes.
Avanzando por la arista.
Tras la despedida continuamos el descenso por una canal considerablemente inclinada y que nos llevaría al paso mas temido, el del Tiro Callejo, prestando atención y uno a uno nos fuimos descolgando por la cuerda hasta llegar al pedreru que baja directo a Collado Jermoso, donde veíamos el refugio y la collada con vistas a Peña Santa que lo preside, uno de los mejores atardeceres de Picos junto al de la Collada del Agua en el Jou de los Cabrones.
El paso del Tiro Callejo y su cuerda.
En las inmediaciones del refugio y sin llegar a el giramos a la izquierda para dirigirnos a la Vega de Liordes, pasando antes entre el Llagu Bajeru y el Cimeru. Comemos algo ( mas, ja, ja ) cerca de los Tornos de Liordes y antes de meternos en la capa de nubes que defendían la canal. Un montón de metros y de curvas interminables por esta canal nos devuelven al aparcamiento de Fuente De donde nos tomamos una merecida y fresca cerveza. Con la mente en la siguiente excursión cada uno retoma el camino de su casa, excepto yo, que este día tengo la suerte de que Su esta en Potes y tiene reservada una de las mejores mesas de un bonito restaurante con vistas. Que dura puede llegar a ser la vida de los montañeros...........